El lazareto marítimo de San Simón: cuarentenas y misterios del pasado
La Isla de San Simón, en el corazón de la Ría de Vigo, esconde uno de los capítulos más singulares de la historia marítima de Galicia. Durante el siglo XIX, este pequeño enclave se transformó en un lazareto marítimo, un lugar de aislamiento y control sanitario para barcos, pasajeros y mercancías procedentes de puertos lejanos. Su misión: proteger la salud pública frente a enfermedades contagiosas que llegaban del otro lado del Atlántico.
El origen del lazareto de San Simón
El lazareto fue creado oficialmente en 1838, en plena expansión del comercio marítimo. En aquel tiempo, los barcos que llegaban a Galicia desde América, África o Asia eran potenciales portadores de epidemias como la fiebre amarilla, el cólera o la peste.
San Simón ofrecía las condiciones perfectas: estaba aislada, bien comunicada por mar y próxima al puerto de Vigo, uno de los más activos del noroeste peninsular. Así, se construyeron muelles, pabellones, almacenes y un pequeño cementerio para los que no sobrevivían a la cuarentena.
El recinto se dividía en dos zonas:
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San Simón, donde se alojaban los pasajeros y marineros en observación.
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San Antón, destinada a las mercancías y materiales sospechosos de contaminación.
Vida y control en tiempos de cuarentena
La vida en el lazareto estaba marcada por la disciplina sanitaria. Los pasajeros permanecían aislados durante 40 días, vigilados por médicos y personal de inspección marítima. Durante ese tiempo, se desinfectaban los cargamentos, se lavaban las ropas con vinagre y se quemaban objetos infectados.
La isla llegó a albergar decenas de tripulaciones y hasta más de 600 personas en observación en los años de mayor actividad. Aunque su objetivo era proteger la salud pública, muchos relatos de la época describen el lazareto como un lugar duro, de soledad, miedo y enfermedad.
El aislamiento era estricto: nadie podía abandonar la isla sin autorización y el contacto con el exterior se realizaba mediante barcas de servicio y correspondencia controlada.
El declive del lazareto y su huella en la memoria
Con el avance de la medicina y el control de las epidemias, el lazareto fue perdiendo importancia. A principios del siglo XX, el complejo entró en decadencia y sus instalaciones quedaron prácticamente abandonadas.
Años más tarde, el destino de la isla volvió a cambiar. Durante la Guerra Civil Española, sus antiguos pabellones fueron reutilizados como prisión franquista, marcando uno de los periodos más trágicos de su historia.
A pesar del paso del tiempo, aún pueden verse los restos de los antiguos muelles, almacenes y cementerios, testigos silenciosos de las cuarentenas y los miedos del pasado.
Un lugar de historia, memoria y cultura
Hoy, la Isla de San Simón ha sido rehabilitada como espacio cultural y de memoria histórica, abierta a las visitas y excursiones que parten desde Vigo, Cesantes o Meirande.
El visitante puede recorrer los antiguos edificios del lazareto, pasear entre los jardines y contemplar el entorno desde los miradores naturales que ofrecen vistas espectaculares de la Ría de Vigo.
El silencio del lugar, unido a su belleza natural, convierte esta visita en una experiencia única que conecta al viajero con uno de los episodios más desconocidos y fascinantes del pasado gallego.
Consejos para tu visita
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Reserva tu excursión con antelación; el acceso está limitado para proteger el entorno.
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Usa calzado cómodo y respeta las zonas señalizadas.
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Aprovecha para visitar también los jardines, la capilla y las esculturas contemporáneas que hoy adornan la isla.
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Lleva tu cámara: las vistas del puente de Rande y de la Ría son espectaculares.
Conclusión
El antiguo lazareto marítimo de San Simón es mucho más que un vestigio del pasado: es un símbolo de la lucha contra las epidemias y de la capacidad humana para transformar el sufrimiento en memoria y cultura.
Visitarlo es adentrarse en una historia de cuarentenas, leyendas y esperanza, en uno de los rincones más enigmáticos de Galicia.

